martes, mayo 14

100 Años de Bellas Artes: Historia de su edificio


*Articulo publicado en la Revista Lima Gris N° 15, Septiembre-Octubre 2018

El año 2018, la Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes del Perú – ENSABAP celebró su Centenario de creación, cuando por Decreto Supremo del 28 de setiembre de 1918, dado en el gobierno del Presidente José Pardo y Barreda, se fundó como Escuela Nacional de Bellas Artes. El siguiente articulo reproduce el texto de mi autoría publicado en la Revista Lima Gris N° 15 Setiembre-Octubre 2018 dedicado a este centenario.


Se designó como primer Director de la flamante Escuela Nacional de Bellas Artes a Daniel Hernández Morillo, extraordinario pintor huancavelicano que realizaba una destacada y lucrativa carrera en Europa, pero que, realizando sacrificios personales, decidió hacerse cargo de esta nueva institución. Una de sus primeras tareas, por supuesto, fue la búsqueda de un local idóneo para la Escuela. Se escogió al llamado Convento de Recogidas, que por aquel entonces albergaba a un grupo de monjas de la Orden Franciscana. Este local, ubicado en la antigua calle Colegio Real, sexta cuadra del jirón Ancash, era propiedad del Estado, administrado por la Beneficencia, por tanto, se realizaron las gestiones pertinentes para el desalojo de las monjas, a quienes se les entregó 1000 Libras de Oro para que se instalen en otro alojamiento. Se encargó a los arquitectos Rafael Marquina y Alfonso G. Gayoso la adecuación del espacio para el nuevo uso. Finalmente, la tarde del 15 de abril de 1919 se inauguró la flamante Escuela, con asistencia del Presidente Pardo y sus ministros de estado. El discurso inaugural fue de Daniel Hernández.

Pero ¿por qué era conocido este lugar como “Convento de Recogidas”?, ¿qué otras instituciones albergó en el pasado este espacio, donde aun hoy se conservan patios de trazo virreinal? En este estudio analizaremos la evolución histórica de tan singular edificación, mas de 400 años con sus personajes, anécdotas y sucesos.

LIMA EN EL SIGLO XVI

Fundada la Ciudad de los Reyes por Francisco Pizarro el 18 de enero de 1535, se realizó el trazo de la ciudad, en la cual se dispuso calles rectas e islas (llamadas hoy “manzanas”), divididas en cuatro fincas, que se dio a los primeros vecinos. Los limites de la ciudad en estas primeras décadas luego de la fundación eran muy claros. Los solares no iban más allá de la actual avenida Abancay, por un lado, y hacia el otro lado, solares se mezclaban con extensas huertas en el actual barrio de Monserrate. La zona que hoy conocemos como Barrios Altos tenia una configuración definida. Paul MAQUET-MAKÉDONSKI en su libro Lima hora 25 menciona: “En las primeras épocas de la dominación española junto a los solares, se entregaban a los vecinos terrenos en los alrededores de la ciudad… En ese entonces Lima estaba dividida entre los barrios bajos y los barrios altos, delimitados por el canal Huatica, que recorría el actual jirón Andahuaylas.” Los Barrios Altos, que en la época prehispánica fue zona de huacas, para este tiempo era una zona de huertas y campos de cultivo.

La zona que nos ocupa era considerada insalubre, por su proximidad a la barranca del río. Sin embargo, el establecimiento de importantes instituciones, como mencionamos anteriormente, fue cambiando el panorama del lugar. Por ejemplo, el traslado de la Universidad de San Marcos -desde su anterior local en un abandonado convento agustino-, al local donde estuvo la Casa de Recogimiento de San Juan de la Penitencia (espacio hoy ocupado por el local del Congreso de la República), la creación del Colegio de San Felipe y San Marcos (hoy llamado Colegio Real de San Marcos, ubicado frente a la Escuela de Bellas Artes), y el Monasterio de Santa Clara en la recta que parte del Convento de San Francisco, hizo que algunos vecinos se animaran a edificar casas en la zona que antiguamente fue conocida como “la huerta de Pizarro” o también “el campo del Fraile”, lugar este ultimo donde se edificó la Casa de la Moneda.

En este contexto de desarrollo urbano en esta zona de Barrios Altos, es que se funda en el lugar que nos ocupa, el Hospital de San Pedro.

Plano de 1613. Reconstrucción de Juan Bromley y Jose Barbagelata (1945), Colección Juan Gumther

 EL HOSPITAL DE SAN PEDRO

El origen del hoy desaparecido Hospital de San Pedro se remonta al año 1594. Se reunieron en la Sacristía de la Catedral de Lima un grupo de clérigos residentes en nuestra ciudad y decidieron fundar una Cofradía bajo la advocación de San Pedro Apóstol, destinada a dar auxilio a sacerdotes pobres. Fue establecida esta Cofradía por Licencia del 22 de diciembre de 1594. Según sus leyes, esta Cofradía estaba compuesta por 24 hermanos mas el Abad. Cada año, el 28 de diciembre celebraban Cabildo, donde elegían Mayordomo, dos Diputados, Procurador, un Vicario, pudiendo ser reelegidos en sus cargos hasta dos o tres veces. La festividad principal de la hermandad era el 18 de enero, en la que se conmemoraba la Cátedra de San Pedro.

En sus inicios curaban a sus enfermos en el Hospital Real de San Andrés (edificación que aun existe en la cuadra ocho del jirón Huallaga). Pero a cuatro años de formada la Hermandad se pudo comprar sitio y edificar casa gracias a la generosidad de dos clérigos: el Canónigo León, y D. Gabriel Solano. Con licencia del Virrey Juan de Mendoza y Luna, el III Marques de Montesclaros, extendida el 4 de marzo de 1598 se adquirió el predio donde edificaron su hospital e iglesia. Posteriormente se añadieron otros solares vecinos, uno de ellos comprado a D. Alonso Delgado en 1598, y otro a doña Isabel de Quesada en 1599.

Según el Memorial que presentaron en esta edificación, el edificio tenía dos patios, uno de los cuales era un claustro en torno al cual se distribuyeron aposentos como enfermerías, habitaciones de la hermandad, de los clérigos, y demás dependencias. El otro patio sirvió a convalecientes y a sacerdotes pobres o forasteros. Seguía como modelo de hospital uno para venerables sacerdotes de Sevilla. La iglesia estaba al lado del edificio y era una gran nave cubierta de madera con la capilla mayor de bóveda. Al parecer quedó edificada el año 1607, pues en ese año ya aparece una licencia para que puedan celebrar oficios religiosos allí, lo que también significaba un ingreso a las arcas del Hospital. Otras propiedades se fueron sumando al Patrimonio de la Cofradía de San Pedro, y al parecer para estas primeras décadas del siglo XVII, era una de las más solventes de nuestra ciudad.

Todo esto cambiaría a mediados del siglo XVII. Una serie de situaciones originadas por desencuentros entre miembros de esta Cofradía originó la decadencia del Hospital de San Pedro. Para las últimas décadas de este siglo va a ser llamado el Hospital de San Felipe Neri.

EL HOSPITAL DE SAN FELIPE NERI

El desencuentro del que hablábamos líneas arriba fue originado por el ingreso a la Cofradía de San Pedro de nuevos personajes con intenciones distintas a la labor que perseguía esta institución. Uno de los hermanos, el Licenciado Juan Pedrero, introdujo en la Iglesia de San Pedro, unos ejercicios de votos bajo el nombre de Escuela de Cristo, a los que concurrieron un número crecido de fieles vecinos de la zona, y entre ellos el bachiller Alonso Riero y el padre Francisco Javier de Ayllon. A la muerte de Pedrero decidieron unirse a otros sacerdotes para vivir en comunidad en la casa del hospital y fundar la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri. El Padre Jesuita Rubén Vargas Ugarte menciona, que, si bien es cierto, el propósito de Riero de fundar una casa del Oratorio en Lima, era algo bueno, no estuvo acertado en los medios que uso para conseguirlo, pues desde un principio puso los ojos en el Hospital y la Iglesia, y no omitió esfuerzo alguno para que ambos se adjudicaran a su recién fundada Congregación.

El, con algunos otros compañeros poco a poco se fueron haciendo miembros de la Cofradía de San Pedro, lo que les daba voto para influir en el manejo de ella, y mas tarde consiguió que se le nombrase Mayordomo. A partir de allí, se dan una serie de sucesos y conspiraciones hasta que al fin Riera se hace cargo de la Cofradía. En 1681, aprovechando el viaje a España del Conde de Castellar que acababa de dejar su cargo como Virrey, lo acompaña y en el viaje se gana su confianza, lo que le sirvió para que este sea su garante ante el Rey Carlos III, gracias a lo cual, por Real Cédula del 12 de marzo de 1683, se decreta que se agregue el Hospital de San Pedro a la Congregación de San Felipe Neri, y se le encomendaba a esta la administración de sus bienes. No siendo esto suficiente, Riera viaja a Roma, donde obtuvo del Papa Inocencio XI, un Breve dado el 15 de junio de 1683, por el cual se aprobaba la creación de la Casa del Oratorio de San Felipe Neri en Lima, y otro del 15 de setiembre del mismo año en el que se adjudicaba la propiedad del Hospital de San Pedro.
Así entonces este predio va a ser conocido desde 1683, y durante el siglo XVIII como el Hospital de San Pedro o el Hospital de San Felipe Neri. En estos periodos de ocupación hay que recordar que Lima va a ser azotada por dos terribles terremotos. Uno en el año 1680, y otro en el año 1746 que se conoce como el mas devastador de la historia virreinal. Es obvio que, durante estos sucesos, la ruina del hospital e iglesia haya sido evidente, y se haya tenido que someter a continuas reparaciones y reconstrucciones.

Hospital e iglesia de San Pedro. Plano de 1685 de Pedro Nolasco Mere, Colección Juna Gunther

El edificio, hacia la mitad del siglo XVIII, por los eventos sísmicos mencionados, no presentaba su mejor apariencia. De seguro, la debacle económica posterior al sismo de 1746 que afectó a muchos vecinos e instituciones de Lima también alcanzó a la Congregación que hacia sus mejores esfuerzos por atender las necesidades de los pacientes en el hospital. Esto va a cambiar radicalmente cuando tras la expulsión de los Jesuitas en 1768, la Junta de Temporalidades que administraba las propiedades de los expulsados religiosos, le cede el edificio del antiguo Colegio Máximo de San Pablo y su iglesia a la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri -hoy es la iglesia de San Pedro-, por lo cual ellos se mudan al flamante edificio, mejorando por supuesto con tan ventajoso cambio, y que los llevó a parangonarse -según agrega el Padre Vargas Ugarte-, con las grandes órdenes religiosas en nuestra ciudad. El edificio del hospital va a ser cedido en 1776 al Beaterio de las Amparadas de la Purísima Concepción.

BEATERIO DE AMPARADAS o ARREPENTIDAS

El Beaterio de Amparadas fue una institución piadosa que se creo en el año 1665 a instancias del Venerable Jesuita Francisco del Castillo. Esta comunidad de beatas también llamadas recogidas o arrepentidas se dedicaba a recoger a doncellas huérfanas para evitar que caigan en la prostitución. Una labor un tanto controversial y muy esforzada para una ciudad muy religiosa como era Lima en aquellos años. En 1670 se establecieron en unas casas al lado de la residencia de don Gonzalo de la Maza, lugar donde murió Santa Rosa de Lima. El Virrey Conde de Lemos gastó de su peculio 50,000 pesos en la capilla, alhajas, muebles, etc. y se les dio el nombre de Amparadas de la Purísima Concepción. En ese año se inauguró su iglesia con procesión y gran acompañamiento, incluso del Virrey. Sin embargo, poco disfrutaron del lugar, pues el terremoto de 1687 destruyó sus instalaciones, y tuvieron que refugiarse las beatas durante dos años en el Monasterio de Santa Catalina, mientras se reconstruía su edificio. El Virrey Conde de la Monclova les dio el encargo de vigilar prostitutas y mujeres escandalosas, pero su labor poco apreciada se vio vulnerada por la fundación del Monasterio de Rosa de Santa María, en el lugar donde estuvo la casa de Gonzalo de la Maza, por lo que fueron despojadas de sus casas. Estuvieron un tiempo ocupando un espacio en el Santuario de Santa Rosa de los Padres, hasta el suceso de la expulsión de los jesuitas, en que se trasladaron al antiguo Hospital de San Pedro, abandonado por la Congregación de San Felipe Neri como vimos anteriormente.

Aquí se establecen con un personal renovado, bajo la condición que compartirían espacio con un nuevo Colegio de Indias, un Hospicio de Mujeres Pobres, y una Sala de labor general bajo el cuidado inmediato de maestras y directoras que se prepararían para tal fin. En el año 1793, Hipólito Unanue escribía que en el Beaterio de Amparadas vivían 26 beatas, y tenía una renta de 5300 pesos. Sin embargo, además de las 26 beatas de habito, había un crecido número entre arrepentidas, educandas y depositadas, lo que hacía un total de 184 mujeres que vivían en este edificio. La casa mantenía a 77, y el resto se mantenían a sí mismas o por benefactores.

Unas décadas después, hacia 1830, se incorporan al Beaterio unas colegialas del antiguo Colegio de Santa María del Socorro, que estaba contiguo al Hospital de la Caridad, lugar hoy ocupado por el Congreso de la República. Al parecer, la inestabilidad política y económica del siglo XIX no fue ajena a la administración del Beaterio de Amparadas.

Un informe de la Beneficencia hacia 1860 informa que las personas que existían en el Beaterio estaban divididas en cuatro clases: primero la de beatas amparadas, cuyo número era de 3, inútiles ya por su avanzada edad, y que se veía imposible de que aumenten pues en la época ninguna de las personas adoptaba ese género de vida como lo comprobaba el hecho de que solamente una persona había tomado el hábito en más de 36 años. Segundo: la de colegialas que se compone de seis mujeres de edad superior a la que se requiere para ser educandos. Tercero: la de empleadas o sirvientas que eran en número de 25, monstruosa desproporción con las necesidades de un establecimiento que encierra 3 beatas y 6 colegiales, y que implicaban un gasto diario para la Beneficencia. Y cuarto: la de mujeres pobres a quienes se dio habitación gratis eran 45, y cuya conducta acredita que sus cualidades y circunstancias no fueron bien examinadas antes de su admisión. Por todos esos motivos se sugirió el cierre de este Beaterio.

A ese local se trasladaron las aulas y el Colegio de Maternidad que estaba antes en el Hospital de Santa Ana. También sirvió de alojamiento a las Hermanas de la Caridad que recientemente habían llegado a Lima.

EL EDIFICIO A FINALES DEL SIGLO XIX

A pesar de los avatares en la ocupación del predio, la iglesia mantuvo decentemente su decoración y ornato. En 1866 se describían sus altares de la siguiente manera: el Mayor, de la Purísima Concepción, otros altares: el Calvario, San José, Nuestra Señora del Rosario, San Francisco de Paula, Nuestra Señora del Carmen, y uno de la Purísima en el Coro, un total de 7 altares. Las fiestas religiosas de este templo eran la Semana Santa, la Purísima Concepción, y el Corazón de Jesús.

En los espacios del antiguo hospital y beaterio, se establecieron entonces hacia 1860 como indicamos, el Colegio de la Maternidad. Y en 1883, una Escuela de Niñas. Otros espacios van a ser cedidos a particulares temporalmente por la Beneficencia, como por ejemplo tres tiendas a un señor llamado José Pro, hijo de doña Josefa Pro de Pro, que ya tenia otras propiedades en la calle del Colegio Real. Hacia la calle San Ildefonso va a aparecer en los protocolos notariales el Colegio de San Francisco o Inmaculada Concepción, que seguro era dirigido por las monjas que fueron desalojadas cuando se designo el lugar como Escuela de Bellas Artes. También en diciembre de 1866 aparece un contrato de locación a favor de don Manuel Ayllón Salazar de otro espacio del antiguo beaterio ubicado hacia la mencionada calle San Ildefonso.

Este va a ser el edificio que va a llegar hasta 1919 en que se adecua al uso de la flamante Escuela de Bellas Artes.


CONCLUSIÓN

Un gran cambio que experimentó el edificio fue en su fachada, cuando en 1924 se encargó al Arquitecto español Manuel Piqueras Cotolí la construcción de ésta en un estilo llamado Neoperuano, acaso de algún modo en su suntuosidad buscando recrear la grandeza que debió haber tenido este edificio en el pasado.

Cuando Juan Manuel Ugarte Eléspuru fue Director de la Escuela (entre 1956 y 1973), se emprendió la restauración de algunos ambientes. Al hacer excavaciones en el piso de uno de los patios -el llamado Patio de las Monjas-, se descubrió a un metro de profundidad unos hermosos trozos de pisos de lajas. No se siguió excavando porque todo lo demás era detrito o desmonte apisonado de los antiguos terremotos que dejaron en ruina el edificio en el pasado. Asimismo, menciona que se habilitó un ambiente a la derecha de la escalera a los altos desde el antiguo claustro, que se designó como el Centro de Estudiantes. A la izquierda de la escalera, había un ambiente que nadie quiso ocuparlo pues fue el mortuorio en el tiempo del beaterio.

La Escuela cumple 100 años, la ocupación del edificio el año 2019 también será centenario, pero como hemos visto mucha historia ha pasado por esos ambientes, por sus pasajes y claustros. Y es que esa es la historia de Lima, una sucesión de ocupaciones, de personas, de instituciones, de sucesos buenos y catastróficos, historias de conspiraciones, de piedad religiosa, de niñas aprendiendo las primeras letras, y de la mejor inspiración que ha caracterizado a nuestros artistas en tan antiguo local.

Texto: David Pino

Portada de la iglesia de Amparadas detrás del muro actual de fachada de Bellas Artes

FUENTES:
Jorge Bernales Ballesteros, “Lima, la ciudad y sus monumentos”. Escuela de Estudios Hispanoamericanos de Sevilla. Sevilla, 1972.
Hipólito Unanue, “Guía Política, Eclesiástica y Militar del Virreynato del Perú para el año de 1793”.
Rubén Vargas Ugarte SJ, “De la Conquista a la República. Artículos históricos”. Lima, 1950.
Manuel A. Fuentes, “Estadística General de Lima”. París, 1866.
Manuel Ugarte Elespuru, “Pintura y escultura en el Perú contemporáneo”. Editorial Universitaria. Lima, 1970.
UNI-FAUA, “Inventario del Patrimonio Monumental Inmueble. Tomo IV. Época Virreinal”
ENSABAP, “Escuela Nacional Autónoma de Bellas Artes del Perú. 1918-2009”. Fondo Editorial. Diciembre, 2009.
Archivo General de la Nación – AGN, Colección Terán, Protocolos Notariales.



1 comentarios:

Gustavo von Bischoffshausen dijo...

Compleja historia, como mencionas. No era zona de afluencia u comercial, por lo visto.La historia de la iglesia es tambien la historia de sus propiedades y su control y uso. Interesante la foto del cartel del cercano cine Novedades donde entonces daban la famosa pelicula expresionista El gabinete del Doctor Caligari, De Robert Wiene. 1920.