sábado, marzo 16

La Calera de los Agustinos

Lima nunca deja de sorprendernos. Y es que en el interior de sus quintas, callejones o terrenos cercados, donde menos se lo imaginen, aun conserva restos de su pasado, evidencia física para entender la vida, el comercio, y las actividades de nuestros antepasados. Algo de esto ocurrió recientemente, cuando en el grupo de facebook Alerta Patrimonio de Lima, la participante Rossana Arredondo compartió una foto. Inmediatamente decidimos ir al lugar, y descubrir este pedazo de nuestra historia que aun estaba poco difundido.


Es temprano por la mañana, buena hora para adentrarnos por los Barrios Altos, en el limite con El Agustino, y verificar que muchas de las calles aun conservan detalles de un pasado mejor. Caminamos por el jirón Junín, pasamos por la casa donde vivió Felipe Pinglo Alva, frente al Monasterio del Prado. Una buena oportunidad para cruzar y ver la Quinta del Prado, a esta hora sus ocupantes descansa, no se pudo ingresar, para otra oportunidad será.

Llegamos a la Plazuela del Cercado, un acogedor lugar que parece detenido en el tiempo. Tomamos el jirón Rivera y Davalos, y vemos los restos de la Muralla de Lima, que el actual peatón mira con indiferencia. Llegamos al final del jirón Junín, donde hoy pasa el Metro de Lima. Tenemos que subir a la estación nos dicen, para desde ahí planificar el encuentro de los restos motivo de esta visita.

Casa de Felipe Pinglo Alva, jirón Junin
Portada lateral del Monasterio del Prado
Quinta del Prado, jirón Huamalies
Plazuela del Cercado
Restos de la Muralla de Lima visibles desde el jirón Rivera y Dávalos

Restos de la Muralla de Lima visibles desde el jirón Rivera y Dávalos

Desde lo alto de la Estación Grau del Metro de Lima se puede apreciar los restos de muros de adobe que había publicado Rossana Arredondo en el grupo Alerta Patrimonio de Lima. Es mas, es el mismo lugar donde tomó su foto. No puede ser restos de la Muralla, pues esta alejada del lugar por donde esta paso según los antiguos planos. ¿Podrían ser quizá restos de alguna construcción de la orden belethmita que tuvo su Convento Grande en esa zona? Mejor vamos al mismo lugar y allí descubrámoslo.

Habiendo ubicado desde lo alto de la Estación Grau el lugar aproximado por donde debía estar esos restos, fuimos por Prolongación Junín, al costado del hoy Cuartel de Barbones. Luego de indagar en algunas casas y corralones que hoy son depósitos, encontramos el lugar por donde aparentemente se accede a estas ruinas. Aunque lo intentamos en dos ocasiones, no tuvimos suerte. Pero las indagaciones en este punto sirvieron para conocer que esos restos eran de un antiguo horno de cal, o calera, por testimonio de los vecinos mas antiguos de la zona. Era momento de intentar ver estos restos de algún otro lugar elevado y cercano al punto. Ingresamos por el pasaje Raimondi que tiene salida a la avenida Nicolas Ayllón, donde hoy hay fundiciones, y locales de venta de fierros, maderas, y muebles de segunda mano. Desde uno de estos locales pudimos ver algo mas cerca la construcción que había despertado nuestro interés, comprobando que es de adobe y tiene elementos decorativos que probablemente podrían situar su filiación en la época virreinal.




Con el entusiasmo intacto pero con la alegría a medias pues no pudimos llegar hasta el mismo lugar donde se encuentra, inicie las averiguaciones partiendo de los datos que dieron algunos vecinos. Esto ratificado por un amigo arqueólogo que acompaño la búsqueda, y una vecina del lugar. Los planos y textos antiguos hablan que precisamente en la zona se encontraba la Calera de los Agustinos, lo que coincide con la construcción vista y el testimonio de los vecinos. La pagina web de la Municipalidad de El Agustino dice textualmente: "Durante el virreinato los agustinos fueron propietarios de la chacra y calera de San Agustín, ubicada en el actual distrito. Allí producían, en forma directa o por arrendatarios, diversos cultivos como maíz y alfalfa y se extraía materiales para la confección de ladrillos y adobes para construcción y loza. La zona, en general, era zona de pequeñas haciendas y chacras de propiedad de diversas familias limeñas, hispanas, criollas y también indígenas. Existían trapiches donde se molía el bagazo para la elaboración de azúcar y se molía granos." (1)

Detalle de un plano de 1904 donde se ven los propietarios del lugar en cuestión (3)
Actividad comercial de la Calera, y propietario en 1871 (4)


El historiador Juan Luis Orrego dice en su blog: "El nombre de este popular distrito, creado en 1960, se debe a su famoso cerro rocoso, tomado por los padres agustinos, durante la época colonial, para aprovecharlo como cantera, y emprender el lucrativo negocio de fabricación de bloques de ladrillos de cal. De allí el surgimiento de la “calera del agustino” y de la “chacra del agustino”, en alusión esta última a los cultivos que realizaban los curas de la orden de San Agustín en los alrededores del cerro." (2)

Con esta información y la evidencia física que aun se observa en las fotos, estaríamos ante un importante resto arqueológico de la época virreinal que serviría para estudiar y conocer la tecnología y la industria de nuestros antepasados. El Ministerio de Cultura ya tiene conocimiento de este lugar y corresponde su conservación y difusión.

*Agradecimientos a Angel Ayala Criollo, David Guzman Torres, Hector Walde y Maritta Carrion por acompañar esta búsqueda. Y a Rossana Arredondo por ayudar a visibilizar este lugar.

Fotos: David Pino

Fuentes:
(1) Web Municipalidad de El Agustino. Historia del Distrito
(2) Blog de Juan Luis Orrego: Los agustinos en Lima
(3) Plano de Santiago M. Basurco, año 1904. Colección de Planos de Juan Gunther
(4) El Correo de Lima, Tomo I, año 1871

2 comentarios:

Julia dijo...

Buen dato estimado David,gracias por compartir esta investigación con tus lectores

Unknown dijo...

Gracias David por darnos a conocer éste recóndito lugar de nuestra Lima de antaño.

Aprovecho la oportunidad para felicitarte una vez más, por la importante labor que realizas y darte el ánimo necesario para que lo mantengas por muchos años mas.

Un abrazo

Manuel Pérez Rosales