martes, enero 28

Un paseo por la Exposición (Cuento)

Este es un cuento escrito para niños pero con datos e información que puede ser de interés para todos. Ambientado a mediados de la década de los años 20, habla de espacios que aún existen y otros que desaparecieron en el tiempo.


Manuelito se despierta temprano. Baja al comedor y ve a su mamá y su abuelo ya desayunando. ¿Dónde vas abuelito?, pregunta Manuelito al ver a su abuelito cambiado. “Me voy a dejar unos papeles a la Municipalidad, ¿quieres venir?”, le pregunta su abuelo. Manuelito mira a su mamá y ella asiente con la mirada, le alcanza su taza de leche y Manuelito soplando y soplando apura en acabarlo.

Los paseos con su abuelito siempre son interesantes, el conoce mucho de la ciudad y siempre le enseña cosas nuevas, que luego el comparte con sus amigos del barrio. Manuelito es un niño de 11 años, vive con su mamá y sus abuelos maternos en la calle Guadalupe (cuadra 11 del jirón Azángaro), frente a una clínica de beneficencia francesa y muy cerca de un nuevo paseo (Paseo de la República) donde en las tardes iba con sus amigos a jugar. El local de la Municipalidad esta ubicado en un bonito edificio construido para la Exposición que se organizó en Lima el año 1872.

Salen de casa y cruzan la arbolada plazuela de Guadalupe, una alta pared a la izquierda que corresponde a una antigua prisión militar señala la calle que los conducen al nuevo Paseo de la República. Cruzan el paseo de un lado a otro, observan los coches del tranvía pasar, Manuelito saluda a las personas que los miran desde las ventanas del tranvía. Están ahora frente al nuevo Museo donado por la colonia italiana por las fiestas del Centenario de la Independencia celebradas unos años atrás.

Su abuelito le cuenta que en ese lugar estaba una portada monumental que era uno de los ingresos al Parque de la Exposición. “¿Y de que tamaño era abuelito?” pregunta el niño, su abuelito levanta la mano indicando el tamaño de esa puerta, casi de la altura del actual Museo de Arte Italiano. Manuelito abre la boca sorprendido al imaginar esa alta portada, y le dice a su abuelito “Era igual que la portada que esta al lado de la Penitenciaria ¿no?”. Su abuelo sonríe y le dice que no, que la portada que estaba en la calle al lado de la antigua cárcel de la ciudad es mas grande. Manuelito se queda pensando, siempre su abuelito le cuenta de cosas que ya no existen, pero que deben haber sido impresionantes cuando estuvieron. “Ojalá que nunca demuelan esa portada abuelito”, le dice suspirando Manuelito a su abuelo señalando la portada principal de la Exposición que permanece solitaria, lúgubre, como abandonada y fuera de lugar frente a la pared de la prisión.

Cruzan el parque de los Garifos también llamado Neptuno desde que colocaron una escultura del dios de los mares. Le cuenta su abuelito que esa escultura fue comprada por la Municipalidad para reponer una similar que existía antes, pero que en la guerra fue llevada a su país por los vencedores. Le cuenta que antiguamente iban a colocar allí la escultura de Cristóbal Colón que hoy esta en el Paseo que lleva su nombre. Manuelito sigue pensativo y le dice a su abuelo: “Aquí las esculturas se van de un lado a otro ¿no abuelito? ¿Habrán sido hechas para eso?”. Su abuelo sonríe, y le dice que le contará mas cosas cuando entren al Parque de la Exposición, ahora al frente del Parque Neptuno, pero que primero debe hacer sus cosas en la Municipalidad.

Cruzan el Paseo Colón. Es un paseo muy bonito y está lleno de bancas y tiene también esculturas. Estas han atrapado la atención de Manuelito, que ahora quiere saber todo sobre ellas. Su abuelito le cuenta que esas esculturas de mármol que ve allí estuvieron originalmente en la Plaza de Armas. Le cuenta también que representan a las estaciones del año. Muy cerca de allí se encuentra otra escultura de hierro, que representa a la Abundancia, son dos figuras femeninas llamadas Flora y Pomona. El edificio de la Municipalidad es muy bonito, tiene unas puertas muy vistosas con un detalle de fierro con la figura de dragones. Manuelito le pregunta que significan y donde lo hicieron, su abuelo le dice que hace años muchas esculturas, rejas y ornamentos en la ciudad se compraban en Europa, que en Francia había fundiciones que fabricaban y vendían todos esos elementos, y que esa reja que tanto había llamado la atención de Manuelito, fueron traídas de ese país.

Ingresan al edificio de la Municipalidad. Manuelito nunca había ingresado y se queda sorprendido de lo alto de los techos y de las bonitas columnas de hierro que tiene el edificio, esta muy atento a todos los detalles para preguntarle a su abuelito. Mientras el observa el edificio, su abuelito realiza sus trámites, tienen que ponerle una fecha a un permiso para que su tienda siga funcionando. Cuando termina sus gestiones, observa que Manuelito esta viendo los detalles de las columnas del edificio, tienen estas una decoración de mazorcas, y le dice a su nieto “¿Quieres que te cuente la historia de este edificio?”. Manuelito no necesita responder, mueve la cabeza afirmativamente con los ojos emocionados y esperando que su abuelo le empiece a contar la historia de ese lugar.

“Yo tenia mas o menos tu edad cuando inauguraron este edificio”, le dice a Manuelito, mientras salían del local de la Municipalidad e ingresaban ahora al parque, buscando un asiento para sentarse y charlar. “Antes que construyan este edificio no había nada en los alrededores, solo un gran muro que había sido construido para defender nuestra ciudad de los piratas. En los alrededores solo había chacras, y recuerdo mucho la puerta que estaba donde hoy pasa el tranvía a Chorrillos, se llamaba de Guadalupe”. El abuelo al empezar a contarle estas cosas miraba al vacío, como buscando en sus recuerdos toda la información que ahora compartiría con Manuelito.

“Una tarde con mis amigos vinimos desde nuestro barrio donde hoy vivimos, a ver la inauguración de la Exposición. Como te dije, tenia tu edad, 12 años, y fue la fiesta mas bonita que recuerde de mi niñez”, continuaba el abuelito mientras Manuelito trataba de imaginar las cosas que él le iba narrando. “Tenia este parque tres puertas, como la que te describí y de la que ya sabes, solo queda una. Adentro había varios pabellones, dedicados a otros países, por ejemplo, a los chinos, que allí exhibían sus productos traídos desde Asia. También había un pabellón de juegos infantiles, y el zoológico, era muy bonito, con leones y dromedarios. Había una gran jaula de aves, y muchas esculturas de mármol como las que te gustan”, le decía el abuelo cuando soltó un gran suspiro y se quedó en silencio un momento. Manuelito se dio cuenta de ello y se le quedó mirando, tras lo que le preguntó “¿y que pasó abuelito, donde está todo eso?”. “Ahorita te contaré eso”, retomó el aliento su abuelito y continuo: “Ese edificio que hoy es la Municipalidad, era el gran Palacio de la Exposición. En su interior se exhibieron pinturas muy bellas y todo el adelanto en ciencia y tecnología para aquellos años. Había por ejemplo una maquina de coser, como la que tenia tu abuelita, que ganó una medalla de oro por su ingenio. También había una pintura muy grande y realista, llamada “Los funerales de Atahualpa”. Recuerdo que yo me quedaba mirándola durante mucho rato, y parecía que estaba dentro de la pintura, escuchando el lamento de las personas que lloraban, y el murmullo de las voces de los otros personajes”. Manuelito escuchaba en silencio, se le ocurrían algunas preguntas, pero quedaba en silencio para no interrumpir a su abuelito.

“Un día volví con mis padres a ver la exhibición del ascenso de globos aerostáticos aquí en el Parque de la Exposición. Recuerdo mucho ese día porque conocí a tu abuela, aunque éramos aun niños, sabía que estaríamos juntos siempre”, decía esto el abuelo mientras Manuelito sonreía de manera cómplice. Sin embargo, al instante la sonrisa se le borró del rostro a su abuelo. El continuo: “Un día nos llamaron a todos a la Reserva para defender la ciudad pues en la guerra los soldados de Chile habían desembarcado en Lurín. Antes de ello había ido varias veces a las practicas que se daban en los terrenos que hoy son vecinos al nuevo Stadium Ingles. Allí todos los vecinos de la ciudad nos habíamos preparado para defender nuestra ciudad. Yo fui destacado a uno de los reductos que no entró en combate, pero vimos de lejos por la noche, como el cielo de Chorrillos, Barranco y Miraflores estaba encendido por los incendios”. Manuelito estaba asombrado con esta descripción. Le habían hablado en el colegio sobre la guerra y ya había conocido la Cripta de los Héroes levantada en el Cementerio General. Pero imaginar lo que su abuelito, quien vivió esos momentos, le iba contando, era diferente. “Luego este bonito Parque fue convertido en un cuartel. Poco a poco todas las esculturas que te he contado fueron desapareciendo, igual que los animales del zoológico. Fueron años muy difíciles, cada vez que salía a la calle mi mamá me esperaba con mucha angustia pues nunca se sabia si regresaría. El Palacio de la Exposición perdió sus ventanas, sus pisos también fueron sacados. Había un gran reloj que cambiaba unas imágenes a cada hora, te mostraba las fases de la Luna, y tocaba el Himno Nacional, fue construido por un genio llamado Pedro Ruiz Gallo. Fue desmantelado por completo y su estructura que era del tamaño de una casa, fue precisamente usada como vivienda por los oficiales del ejército de ocupación, luego fue incendiado. La escultura de Neptuno que te conté antes, también desapareció, y con el paso del tiempo este bonito parque se veía muy descuidado y muchos malos vecinos incluso arrojaban su basura allí por las noches. Decían que lo hacían para fastidiar a las fuerzas de ocupación que estaban allí, pero yo no estaba de acuerdo. Teníamos que cuidar lo poco que nos iba quedando, y no contribuir mas bien a desaparecerlo”, suspiró el abuelo terminando esta parte de la historia.

“¿Ya descansamos lo suficiente, ¿quieres pasear por el Parque”, le pregunto el abuelo a Manuelito que respondió afirmativamente, pero que también empezó a hacer las preguntas que había contenido mientras escuchaba atentamente el relato de su abuelito: “Abuelito, ese reloj que me has contado, de ese señor Pedro Ruiz Gallo, ¿dónde estaba ubicado?”, preguntó el niño mientras iban adentrándose en ese pequeño bosque que era el Parque de la Exposición. “Ahora que lleguemos al lugar donde estuvo, te lo diré. Pero primero, ¿ves ese bonito pabellón con una cúpula con adornos muy vistosos?”. “¡Si!” respondió Manuelito, “Ese pabellón fue construido para la Exposición de Lima del año 1872, y se llama el Pabellón del Presidente. Ahí funcionaban las oficinas administrativas de este parque, esos vidrios de colores en sus puertas, son muy parecidos a los que tuvo originalmente”.

“Abuelito, tengo otra pregunta”, arremetió Manuelito, insistiendo en su curiosidad, y mas aun al no haber obtenido aun la respuesta a su primera pregunta. “Si ese edificio donde estábamos fue el Palacio de la Exposición, ¿por qué funciona allí ahora la Municipalidad?”. Su abuelo le respondió: “Luego de la guerra, y cuando el edificio quedó en mal estado, se inició su recuperación, y esta estuvo a cargo de la Municipalidad. Se colocaron pisos, puertas y ventanas nuevas. Luego el edificio albergó algunas exposiciones temporales, hasta que se convirtió en el Museo Nacional de Historia, que estuvo algunos años, hasta que se trasladó a una antigua casa en Pueblo Libre. ¿Recuerdas ese día de tu cumpleaños que tu papá vino corriendo a casa tarde y que dijo que se había demorado porque había un incendio cerca donde el trabajaba?”, le pregunto el abuelo esperando la respuesta de Manuelito. “Creo que si abuelito, pero no me acuerdo bien, cumplía nueve años…”, respondió el niño. “Pues ese día, se incendió el local original de la Municipalidad de Lima que estaba en la Plaza de Armas. ¿Recuerdas cuando hemos ido a pasear a la Plaza hay un gran terreno vacío donde solo se ven los portales?”, “ahhh si, ya me acorde, ¿ahí estuvo la Municipalidad?”, respondió Manuelito. “Así es hijo, ahí estaba el edificio de la Municipalidad y al incendiarse se mudó acá al Palacio de la Exposición”, respondió el abuelo.

Siguieron caminando por los jardines de la Exposición y llegaron hasta una gran fuente de mármol, regalo de los chinos por el Centenario de la Independencia. “¿Quieres saber que había acá antes?”, le preguntó el abuelo a Manuelito, quien asintió mientras observaba los detalles de esa bonita fuente de agua. “Había una glorieta, un kiosko donde en las tardes de los domingos subía una orquesta a tocar los ritmos de moda. Muchas veces vine con tu abuelita a este lugar, lo llamábamos el “kiosko de las Palmeras” por todas estas palmeras que ves y que rodeaban este bonito lugar. Un día, el kiosko desapareció y se construyo esta moderna fuente que fue construida por un italiano, que también construyó el Museo Italiano de Arte, su nombre, sino me equivoco, era Gaetano Moretti”.

Luego llegaron a otro pabellón de pintoresca arquitectura, que tenia una bonita escalera a un lado para acceder al segundo nivel, y en cuyo primer piso funcionaban unas oficinas del Rotary Club del Perú. “Este se llama el Pabellón Morisco, por su arquitectura que recuerda los palacios de influencia árabe en España. Antes tenía abierto el espacio del primer nivel y se veían unas lindas columnas de ladrillo pintados de colores, pero ahora que son oficinas han cercado ese espacio”. Mientras paseaban por los senderos del Parque, Manuelito recordó su siguiente pregunta: “Abuelito, esos globos aerostáticos que me contaste que había acá en el Parque, ¿llevaban pasajeros?, Que bonito debe haberse visto el parque desde el aire ¿no?”, preguntó el niño, y su abuelo, nuevamente mirando en sus recuerdos, le contestó: “Si, efectivamente algunas personas subían a los globos, recuerdo mucho una gran fiesta que se dio en este lugar, organizado por los franceses que celebraban un aniversario mas de su Dia nacional el 14 de julio, no recuerdo el año pero ese día vine con tu abuela, éramos muy jóvenes aun, y paseábamos cuando vimos en el cielo varios globos aerostáticos, y personas que saludaban desde lo alto, fue un día muy lindo”.

Llegaron hasta donde había una portada de fierro dentro del parque, este daba acceso a un camino que conducía hacia el nuevo Ministerio de Fomento, cuya fachada daba a la Avenida 28 de Julio, ya a las afueras del Parque. El abuelo le pregunto a Manuelito: “¿Recuerdas que me preguntaste donde estaba el reloj de Pedro Ruiz Gallo? Pues estaba aquí.”, le respondió señalando un espacio vacío a la espalda del moderno edificio del Ministerio de Fomento. “Era muy grande ese reloj, y se veía desde el puente y la casa de los títeres que estaban en la laguna al otro lado de este camino”, continuo el abuelo mientras Manuelito observaba todo lo que él le señalaba, e imaginaba vivamente como si cada elemento desaparecido aun estuviera allí.

Emprendieron el camino de regreso por el mismo sendero que los había llevado allí, pero ahora había otras cosas que llamaban su atención. A un lado de la laguna se había construido una casa con un estilo europeo llamado La Cabaña, iba a funcionar allí un restaurante. Continuaron por ese sendero y vieron las jaulas ya vacías de un zoológico que estuvo allí. “Abuelito, ¿esas jaulas son del zoológico que me contaste que estuvo antes de la guerra?”, pregunto Manuelito. “No hijo, ese fue otro zoológico que se inauguró en 1909, cuya bonita portada en el Paseo Colón la vimos cuando llegábamos a la Municipalidad”, respondió el abuelo. Le contó también que en ese parque en todos esos años hubo muchos cambios, que allí se instalaron por ejemplo circos, como el de Cantoni, que dejó algunos de sus animales como parte del zoológico de la Exposición.

“Bueno, es hora de regresar a casa, ya tu mamá habrá cocinado. ¿Te gustó este paseo por el parque de la Exposición?”, pregunto el abuelito a Manuelito, quien le dijo que si, que le había gustado mucho, pero que aún tenía algunas preguntas que hacerle. Tras asentir el abuelo, el niño le preguntó: “Abuelito, ¿siempre fue así de ese tamaño el parque de la Exposición?”. El abuelo le contesto: “No hijo, era más grande, el parque Neptuno al otro lado del Paseo Colon, era también parte de la Exposición, y al otro extremo la Exposición llegaba hasta el Stadium Ingles y aun hasta los terrenos donde me prepararon como reservista. En la Exposición de 1872, eran zonas de jardines y de exhibición de huacos y momias del antiguo Perú, hasta había una pequeña huaca al inicio de la actual Avenida Leguia”. Manuelito con los ojos bien abiertos ante la respuesta siguió preguntando: “¡Vaya! ¿Qué más cosas habrá habido fuera de la Muralla no abuelito? ¡Me sorprende que hasta huacas hayan existido!”. El abuelo solo sonrió y le dijo: “la historia es fascinante, somos una ciudad muy antigua, con un pasado de miles de años que esta enterrado debajo de nuestros pies”. Cruzaron el Paseo Colón y mientras se detuvieron para que pasen unos autos, voltearon a observar una vez mas el Palacio de la Exposición, que ahora era la Municipalidad de Lima, y Manuelito le preguntó a su abuelo quien había construido ese Palacio y todo el parque, a lo que el le respondió con una sonrisa: “Pues te sorprenderás, pero quien estuvo a cargo de toda esta obra fue un señor que se llamaba como tu: Manuel Atanasio Fuentes, y el arquitecto del Palacio fue un italiano llamado Antonio Leonardi”. Ahora Manuelito estaba mas identificado con el edificio y el parque, el hombre que estuvo a cargo de esa gran obra, ¡se llamaba como él!

Regresando a casa, pasaron por el lado del Observatorio Astronómico que con sus 4 pisos se levantaba como una pintoresca torre en medio de ese Paseo de la Republica que iba cambiando aceleradamente. Al llegar a casa, Manuelito muy contento le contaba a su mamá todo lo que su abuelito le había narrado en ese paseo, mientras ella servía los platillos para el almuerzo. Luego le pregunto al abuelo si ya estaba renovada la licencia para la tienda a lo que el abuelo respondió: “Si hija, todo bien, me lo han renovado por tres años, por tanto, no tendremos ningún problema hasta 1930, en que de nuevo tendremos que renovar”.

Se sentaron en la mesa a almorzar, y Manuelito emocionado imaginaba todas las cosas que les contaría a sus amiguitos del colegio, de lo mucho que había aprendido esa mañana con su abuelito, y sobre como quería mas ahora este Parque, de su ciudad: Lima.
FIN
David Pino

3 comentarios:

Jorge G. Paredes dijo...

David, ¡felicitaciones" Cuento muy hermoso y emotivo. Ha sido un gratísimo placer su lectura. La historia narrada como un cuento es un recurso súper didáctico y muy útil cuando está respaldo por la solidez que le da cuando es utilizado por un especialista en la historia. Permite tomarse unas licencias literarias (tal como ocurre, y en mayor medida, en las novelas históricas) que tiene la ventaja de hacer asequible la historia al lector no especializado y mucho mejo si es niño porque así lo incentivamos a conocer nuestro pasado. No podemos amar lo que no conocemos. David, nuevamente felicitaciones.Me he tomado la licencia de compartirlo en mi cuenta Face.

David Pino dijo...

Muchas gracias!! Que bueno que le gustó y gracias también por compartirlo! Saludos

xezar dijo...

Que bonito relato y sobre todo muy pedagógico, mis agradecimientos y felicitaciones al autor.